Método de Cultivo Biológico-Dinámico

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Algunas observaciones prácticas acerca del Método de Cultivo Biológico-Dinámico
La situación espiritual de los agricultores, jardineros, y de los consumidores de sus productos se ha tornado más y más engorrosa en los últimos lustros. Es tal vez un indicio grotesco que, al abrir una revista de agricultura u horticultura se encuentren avisos de un sinnúmero de remedios químicos, que prometen un suelo más poroso, o mayores cosechas, o la muerte de los insectos nocivos; mientras que en la misma revista se tropieza con frases como la siguiente: “se deben extremar las precauciones al emplear cualquier remedio, pues si bien muchos de ellos son sumamente eficaces, dejan restos en las verduras, los que luego causan serios trastornos al organismo del consumidor”. (Boletín de la Sociedad Argentina de Horticultura No. 119, pág. 121). ¿No es absurdo ver en las mesas un pan blanquísimo y elaborado con una harina tan fina, que no contiene ni rastro de las vitaminas y sales minerales del grano original, mientras que el consumidor ingiere en la misma comida algunas píldoras que han sido elaboradas con las materias rechazadas en el proceso de molienda? ¿No es triste observar a jardineros provistos de guantes y máscaras, como si se tratara de ir a una guerra de gases tóxicos y, sin embargo, ellos se dedican solamente a “curar” sus plantíos con algún insecticida? Al visitar un invernáculo, lo que antes constituía un placer, uno tiene que taparse la nariz, si acaban de espolvorearlo con DDT. Al recibir un ramo de rosas hay que esconder el disgusto que causan las manchas grises de las hojas, producidas al rociarlas con remedios plaguicidas. Rudolf Steiner, al inaugurar el método bio-dinámico, señaló a los agricultores y horticultores un nuevo punto de partida, tierra firme en el mar agitado de las opiniones actuales. Basado el método mencionado en una visión amplia del papel que el hombre, los animales, las plantas y los minerales desempeñan sobre nuestro planeta, surge sobre todo la convicción de que todo lo que necesitamos para nuestro mantenimiento normal está a nuestro alcance en la Naturaleza; y que no hacen falta ni “embellecimiento” de los productos para mesa, ni desinfectantes tóxicos, ni abonos artificiales; pero sí una mejor comprensión de las leyes de la Naturaleza, un esfuerzo supremo para producir alimentos inobjetables desde cualquier punto de vista, y para hacerlos llegar al consumidor inalterados y con todas sus cualidades inherentes.
De ahí, para nombrar tan sólo un aspecto, el ahínco de Steiner y de sus colaboradores para obtener solamente productos de calidad óptima, sana y nutritiva a la vez. En serios experimentos se comprobó el altísimo valor nutritivo de los forrajes bio-dinámicos con respecto al resultado que se obtenía en animales domésticos: en su salud, su aspecto exterior y su capacidad reproductora; se comprobó el aroma superior y la conservación prolongada del pan, de las verduras y hortalizas para ensaladas. En algunos países de Europa estos productos se venden en envases especiales, para que el consumidor pueda distinguirlos de los productos comunes. Si se tiene en cuenta solamente el peso de un producto agrario y no su calidad, como se suele hacer hoy en día; por ejemplo, la cantidad de trigo o de papas que produce una hectárea, o el rendimiento de leche de una vaca, se cae fácilmente en un error, porque lo que se puede aumentar con la aplicación de ciertas materias químicas no siempre es su valor nutritivo, sino a menudo tan sólo el contenido acuoso del producto.
En cuanto a los insecticidas y plaguicidas ofrecidos actualmente en cantidad tan abrumadora por la industria química, se puede afirmar, después de casi 40 años de experiencia bio-dinámica, que su aplicación se hace superflua si se siguen minuciosamente las indicaciones de Rudolf Steiner, si se marcha en la dirección señalada por él.
Sin duda, el agricultor y el horticultor tienen que eliminar primero la capa vegetal autóctona, antes de que puedan cultivar algo útil; pero recae en ellos la responsabilidad de crear un nuevo conjunto armónico. Este deberá consistir de varias especies vegetales alternadas, del mismo modo que la capa eliminada consistía de plantas grandes y chicas, que agotaban o no las sustancias de la tierra, etc. Hileras de mirasoles y de maíz, o de árboles frutales, por ejemplo, pueden formar algo como pequeños “cuartos cerrados” en cuyo recinto, por procurar mayor abrigo contra el viento y la insolación, pueden cultivarse verduras más pequeñas y delicadas. Además, habrá que estudiar la influencia que ejerce un vegetal sobre otro, cuando están plantados a poca distancia. Así se averigua, por ejemplo, que la llamada “Raíz picante” (cochlearia armoracia) con su alto contenido de aceites etéreos picantes, influye favorablemente en las papas, tubérculos fácilmente apestados. El llamado “Taco de reina” (tropaeolum majus), plantado al pie de árboles frutales, no solamente los engalana con sus flores, sino que hasta cierto punto impide el desarrollo de la cochinilla. Estos son solamente dos ejemplos de los muchos que se podrían enumerar.
De lo antedicho surge que el agricultor que emplee el método biodinámico tratará de evitar el llamado monocultivo, es decir, el cultivo de un vegetal único en un terreno dado. No se puede negar que, para un cultivo mecanizado, los monocultivos presentan cierta ventaja en cuanto al fácil manejo de las máquinas; pero se ha averiguado en todo el mundo que grandes extensiones con una única especie de cultivo están mucho más expuestas a la voracidad de los insectos dañinos. Realizada cierta armonía entre los cultivos diversificados, se establece de por sí cierta vida equilibrada entre insectos, pájaros, bacterias, hongos y alimañas; de esta manera disminuyen las perspectivas de la pérdida total debido a la multiplicación de un parásito sólo.
Es muy significativa, al respecto, una noticia publicada en el diario “La Nación”, de Buenos Aires, con fecha 19 de enero de 1960. Se trata de que el dueño de 15 hectáreas de lino, preocupado por la inminente invasión de isocas, ordenó la fumigación desde el aire con DDT, pero revocó tal orden a petición de su vecino, quien temía por sus colmenares. La isoca vino y, al poco tiempo, quedó diezmada por una invasión de golondrinas que evidentemente vinieron con este propósito. A fin de cuentas, aunque la cosecha de lino resultó ligeramente inferior a lo normal, se salvó la vida de las abejas, tan útiles desde muchos puntos de vista. Es un caso interesantísimo de restablecimiento del equilibrio biológico, entre muchos otros parecidos que ocurren en la Naturaleza.
¿No sería también el momento de pensar en diversificar los cultivos unilaterales como, por ejemplo, la caña de azúcar que, en ciertas regiones, constituye un problema permanente, no tan sólo para dueños y empleados de los ingenios, sino para la política de todo un país?
Otro aspecto se refiere a la arboricultura, y es el cuidado que los jardineros bio-dinámicos brindan a la corteza de los árboles. Se trata, no solamente de los cuidados comunes y conocidos, como la limpieza mediante un cepillo de acero, sino de algo más eficaz: aplicar en invierno sobre la superficie ya limpia una mezcla pastosa de limo, arena y estiércol de vaca.
Algunos preparados, sobre todo uno hecho a base de cuarzo y otro a base de corteza de roble, pueden servir en determinados casos de enfermedades provocadas por hongos. Al familiarizarse con el principió de las enfermedades de las plantas cultivadas, y al penetrar el ser y el papel de las sustancias mencionadas como remedios, ya puede uno entender algo del porqué de estos preceptos.
El cuidado del suelo juega un papel preponderante en el conjunto de las prácticas bio-dinámicas. Se recomienda a los agricultores bio-dinámicos, contratar a un hombre, con la obligación principal de recorrer el terreno en todas direcciones con un carro o una camioneta, para juntar toda la materia accesible que se pueda transformar en mantillo. Esta misma persona estará encargada de vigilar el proceso de fermentación, y de distribuir el mantillo obtenido donde se necesite. Si este “maestro mantillero” actúa debidamente, su trabajo será valiosísimo, pues de sus prácticas depende en sumo grado el estado de la tierra laborable y la posibilidad de disfrutarla por mucho tiempo.
En los países americanos, donde anualmente se queman cantidades incalculables de rastrojos de maíz y caña de azúcar, se podría salvar un tesoro en humus con lo que actualmente se desperdicia. También las malezas eliminadas pueden y deben transformarse en mantillo. Rudolf Steiner se refirió a menudo a la utilidad de algunas de ellas y a sus fuerzas inherentes, de ninguna manera despreciable.
Las sugerencias que Rudolf Steiner dejó a sus discípulos constituyen una fuente inagotable. Al aplicarlas prácticamente, el agricultor no encontrará las contradicciones tan comunes en la agricultura corriente. Son sugerencias que se complementan como las piedrecitas de un mosaico, y dan al hombre su lugar adecuado sobre la Tierra.